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viernes, 21 de febrero de 2014

Ciudades VI: Río Cuarto y el hinduismo

Este texto es largo y aburridísimo, pero si lo empiezan a leer lo leen todo ¿estamos? Porque me revienta que no lleguen al final donde los mando a la concha de su madre... Ups ¡spoiler alert! Este es el momento para irse a la bosta hijos de puta, no después.


La ciudad siempre fue media verga, en ese sentido no cambió, aunque como las víboras tenga piel nueva. Hay más edificios, las calles aledañas están más rotas y los negocios nuevos son más chetos y odiosamente espectaculares; sin embargo todo sigue hablando de mí, soy narcisista. 
Entra el colectivo por lo que antes era el puente nuevo que ya no es más nuevo porque otros puentes se han tendido, también odiosamente espectaculares. Veo por la ventanilla los monoblocks viejos y derruidos en los que vivía cuando estaba acá, igual de viejos y derruidos, como si la destrucción tuviera un momento de suspenso que es como una conservación atrasada: Visnú pone su dedo sobre la frente de Shiva y todo se desacelera, pero suspensión no es detenimiento, sino ojo en la tormenta del tiempo, los edificios y los habitantes continúan su lenta marcha hacia la muerte. ¿Vivirá ahí todavía la flaca que hablaba conmigo de ventana a ventana, la que se agachó asomando los ojitos cuando escuchamos unos tiros y la policía, la que se cayó conmigo en el piso de la cocina y nos terminamos besando? ¿Y ese chico rubio, el Tadzio de la barriada riocuartense? ¿Y la vecina de mierda que siempre nos denunciaba?
Recuerdo los lugares (o más bien asocio los lugares a recuerdos específicos) con bastante exactitud, puedo medir los cambios de las cosas en el detalle, pero caminando por la ciudad ya no puedo ubicarme para ir de un lugar al otro. Una de dos: o la ciudad o el recuerdo se volvieron fragmentarios, uniéndose las locaciones de maneras misteriosas, marcadas por el azar. Por ejemplo: el departamento de L. está en una calle que creía que me iba a encontrar dos cuadras más allá; pero a la vez no es el mismo departamento de la calle Buenos Aires que una vez hace unos años L. me prestó para que fuera a encontrarme con alguien, alguien con quien después de un boliche que tenía el nombre de una cantante francesa en que nos pusimos en pedo y bailamos hasta que nos dolieron los pies, nos besamos y me dijo: "Mateo el vanidoso, siempre consigue lo que quiere". Por entonces era cierto, Mateo el vanidoso siempre conseguía lo que quería y no había jamás conflicto entre el deseo narcisista de satisfacción en mí mismo y la disponibilidad de los objetos externos de deseo que me procuraba a fuerza de una voluntad joven y decidida que, como las calles de la ciudad y el departamento de L., se ha relocalizado de una manera azarosa que hace difícil encontrarla, a pesar de que no por eso haya dejando de existir.

Releo este texto a medida que lo escribo y me da la sensación que bien lo podría haber escrito un tipo de cincuenta años medio nostálgico, pero la ciudad no me da nostalgia sino recuerdo frío, y yo tengo veintisiete y estoy a punto de irme a la mierda otra vez. La Trimurti es Brahma el dios creador, Visnú el conservador y Shiva el destructor; yo quiero que esta ciudad y todas las otras se prendan fuego y abran lugar a Brahma otra vez, yo quiero la destrucción ahora... Por favor, recordemos que soy narcisista y todo habla de mí, no estoy en plan de generar incendios reales (todavía). En orden para escapar sin nostalgias hay que saber matar y romper todo, como Cortéz que quemó las naves para que los soldados no se quisieran volver a España: conquistar o morir. En ese plan estoy, una ciudad a la vez.

La palabra "nostalgia" proviene del griego 'nostos', regreso, y 'algos', dolor. Nostalgia era el dolor, pongamos por caso, del guerrero que se iba a Troya por la casa, la patria y los amigos que se dejaban. ¡La nostalgia es cosa de putos! Todos leímos la Illiada y la Odisea, sabemos que esos griegos eran unos putos bárbaros que vivían peleando por boludeces, como que a Aquiles le matan al noviecito. Hay que aprender a irse sin ese dolor patético que no es cosa para los que aspiren a grandes viajeros. Gide dijo en 'Los alimentos terrestres' algo como No hay nada más peligroso para ti que tu casa, tu habitación y tu pasado. No, no es cita exacta, no tengo el libro a mano así que invento, pero estoy casi seguro que la palabra que usa es PELIGROSO, me encanta que use esa palabra (o que yo use esa palabra cuando lo distorsiono), porque peligroso es lo que te daña y sí ¡quieran conformarse con sus vidas! Pero la mediocridad es peligrosa y se contagia. 

Llego al departamento de L. que me va a hospedar como la impecable amiga que es. Tiene una alumna así que me meto en la pieza a esperar; por la ventana se ve la cúpula roja de la Iglesia de San Francisco cubierta de palomas, una vista única. Después salimos a caminar con ella y otra chica más, que como la tienen clara puedo ir mirando sin pensar dónde estoy, entregarme a la fragmentariedad de los lugares. Más tarde me encuentro con otra amiga en un bar, vamos a una galería a fingir tomar el té en una instalación que habla de la destrucción, nada es tan azaroso en realidad, sincronicidad de Jung: sucesos relacionados por el sentido de manera no casual. Salimos, vemos una banda de cumbia en la plaza, trajeron a la reina del carnaval y a dos minitas con el culo al aire para que se paseen frente al público, un loquito hace un meneo sexy, una enana baila muy contenta; es lo carnavalesco de Bajtín auspiciado por la Secretaria de Cultura de la municipalidad. No puedo dejar de tener conceptos en la cabeza, todo me evoca una idea que relaciono con algo, mi pensamiento es fundamentalmente ensayístico, veo el mundo como un ensayo ¡ese es el género de la vida! Por eso no sé narrar... Veo a la reina que me parece fea e insípida y pienso entonces en una idea que me atribuyo: la verdadera reina del carnaval nunca va al carnaval porque no necesita la aprobación del público para saber que es reina, el carnaval es un suceso mimético y vulgar en el que con la máscara de la belleza se intenta imitar la verdadera belleza... Soy tan intelectual dentro de mí mismo que me doy nauseas. Cuando tenía once años y en los carnavales de Villa Dolores cegábamos a las chicas con espuma para tocarles el culo no pensaba en esas boludeces, no me había contaminado la cabeza con Bajtín todavía... Bueno, vuelvo a la parte narrativa sino me cuelgo en cualquiera. Así que después fuimos al Viejo Mercado (cruzando del boliche que antes tenía nombre de cantante francesa) a ver un dúo de piano y violín que tocaba tango y un viejo nostálgico que tocaba canciones con su guitarra, que me hizo acordar a Daniel Viglietti, tenía la misma voz y esa actitud pedorra de setentista. Más tarde con L. fuimos a un bar muy bueno a ver algo de folklore, nos rajamos temprano porque yo no daba más del sueño. Llovía. Estuvo bien. Dejo tres mariposas de origami arriba de la mesa.
Todo ese despliegue cultural en menos de ocho horas, como cuando vivía en Villa María o me iba a Córdoba en tren los fines de semana y me cagaba haciendo ese tipo de cosas todo el tiempo. Entonces me castigo de nuevo por haberme vuelto a vivir a Carlota hace casi dos años, pueblo barbárico de vieja chusma que ni librerías tiene... Pero después pienso ¿para qué? Si total me cansé del exceso de todas estas boludeces y no quiero pensar más en Bajtín y preferiría volver a meterme tocando culos al carnaval como cuando tenía once. Vivo en la tensión de preservar lo que tenía de genial (Visnú) y destruírlo del todo (Shiva), estoy ahí, en el punto medio. Después vendrá Brahma (el dios, no la cerveza que es un asco), y de él no sabemos bien si restaura lo destruido o crea algo nuevo. Bien, a ver qué onda con Brahma, me voy a la mierda Río Cuarto, prendete fuego.

Me despido de L. en la terminal que se va a Córdoba y me vuelvo a Carlota. Terminales que conectan las ciudades donde viví, estudié y laburé: Córdoba, Carlota, Alejandro, Reducción, Villa María, Alta Gracia. Que se prenda fuego la provincia... Otra vez, no se ofendan, es metáfora generada por mi narcisismo que interpreta las ciudades como significados ligados a mi persona y a mis consideraciones sobre la religión hindú.

Llego a Carlota y me siento a escribir esto. Tengo encima del corazón el "corazón oprimido", oprimido por el reflejo de lo que lo ha colmado de sí mismo, para Barthes solo los enamorados y los niños tienen un corazón oprimido. Veo la imagen de lo que me colmaba y como ese espíritu ahora se me niega solo quedan despojos. Todo eso según Barthes, claro está... Tomo mates con mi vieja y ella no sabe que tengo el corazón oprimido; Emma Bovary, mi perra, me hace fiesta cuando llego y no sabe que tengo el corazón oprimido. Es un embole, tanto quilombo y tanta nafta gastada para no estar seguro si es la ciudad o yo lo que se prendió fuego.

Hasta mi perra tiene nombre intelectualoso ¡Emma Bovary! Soy un pelotudo... La intelectualidad es lo mismo que la masturbación (¿algo con pajonal era el nombre del bandoneonista que nos daba risa?), es un placer que en realidad no se comparte y no tiene finalidad alguna.

Termino el texto, lo releo y me sigue pareciendo escrito por un viejo de cincuenta años, puaj... Sigo escribiendo bien y no corrijo porque estoy seguro de lo que produzco, pero D. me dijo que escribía con angustia ahora. Puaj. En próximas entregas, intentos de destrucción de Villa María y Córdoba, Alta Gracia si alcanza la plata.
Qué me calienta, igual escribo para mí, soy narcisista. Lo publico igual y váyanse todos a la concha de su madre.

Saluda Atentamente:
El niño de cincuenta años.



lunes, 28 de octubre de 2013

La fundación y destrucción del oikos (o Introducción al cultivo del zapallo)

"Quisiera dar y repartir, hasta que los sabios entre
 los hombres se regocijen de nuevo con su 
estupidez y los pobres, con su riqueza" 
(Zaratustra)

Si, lo sé: el hombre no es realidad, es posibilidad. ¿Debería dejar de prestar atención a los entes? ¿Debería buscar mi destino, encontrarme como Ser para la muerte y abrazar el tiempo que me espera en su infinita indefinición, en la grandeza de su naderia absoluta? ¿Debería dotar a los entes de una individualidad tal, de un espíritu tan íntimo, que se apoderaran de la vida como las plantas de zapallo se hacen, de a poco, con cada rincón del patio de mi casa nueva? La semilla de zapallo es posibilidad de invasión, es posibilidad de puré de anquitos, de zapallitos verdes rellenos (los cuales odio profundamente) o de zapallo a la parrilla. La semilla de zapallo es única, cada semilla explorará sus posibilidades de invasión, florecerá y, cuando esté lista, dejará venir su fruto poderoso. Luego, en el invierno, se secará y habrá que sacar muchísimas plantas muertas del patio. La semilla de anquito es un Ser para la muerte, pero no lo sabe, así que no cuenta. Yo sí cuento desde el momento en que digo que voy a morir. El paso del tiempo es la única angustia del hombre, el resto es subsidiario.
Yo, que voy a morir, he puesto a mis entes en orden: me he desprendido cual tubérculo del oikos familiar y tengo sommier propio, una habitación que oficia de taller y la acumulación de utensilios y objetos varios que me hacen ser; entes a través de (y con) los cuales me relaciono para ser. Si hay utensilios, si hay cosas que usar, es porque en definitiva hay un proyecto humano, porque en relación con nuestras cosas y herramientas somos hombres que nos colamos en los intersticios del tiempo en busca de ser, proyectándonos hacia el mundo; por eso el hombre occidental, amigo del progreso, ha dominado el mundo como El Gran Zapallo de la Historia.

Yo voy a mostrar la génesis del Nuevo Oikos, el oikos-que-va-a-morir, éste que solo a través de la relación de los entes que lo ocupan y yo, el Dasein, merece existir.

En el principio era Foucault...


Y Foucault dijo: "Hágase la luz"

Y la luz se hizo... Así que con las tinieblas primordiales disipadas, Foucault diferenció el tiempo...


Del espacio...


Y vio Foucault que eso era bueno, así que separó a marxista-leninistas

... de maoistas.


y dijo Foucault: "Produzca la semilla árbol y el árbol fruto según su género...


... y que las bestias salvajes se valgan de sus piernas para andar libres por toda la extensión de la tierra...


...y que si no tienen piernas se arrastren por el suelo montadas sobre sus propios vientres".


Viendo que todo eso era bueno, Foucault sin embargo pensó en su soledad absoluta, en que no tenía nadie para conversar (ni siquiera a Chomsky) y dijo: "Crearemos al Hombre a nuestra imagen y semejanza, inventor de verdad, que vigile y castigue por sobre todo lo creado". Y así Foucault los creó, varón...


... y hembra...


... los creó... Y vió Foucault la grandeza de todo lo existente y se congratuló por ello y se acarició a sí mismo la pelada y dedicó el quinto, sexto y séptimo día para el descanso.


Y así proliferó el Hombre y fue grande su simiente; hubo tiempos de guerra y hubo tiempos de paz y los eones pasaron y el Hombre pobló la Tierra. Hasta que uno de ellos, el más sagaz entre todos, descubrió que, por exceso antes que ausencia, Foucault había muerto y el Hombre lo había matado...


Y entonces, muerto Foucault, el Hombre quedó librado a merced de las relaciones de poder de los de su estirpe y probó el fruto prohibido...


... que trajo a cuestas grandes tormentos y responsabilidades, tareas insalvables de las que deben realizarse bajo el Sol.


Desorientado y solo, el Hombre se entregó a la más vil inmoralidad y libertinajes...


...y se volvió superficial y pensó solo en acumular riquezas; la avaricia y la ignominia...


no tuvieron límites.


No hubo alimento en el mundo capaz de saciar el hambre del Hombre...


... y su corazón se volvió vacío y frío como el Abismo...


... y sobrevino el miedo y la angustia, y crecieron las guerras y los rumores de guerras.


Es que el Hombre había perdido de vista lo que verdaderamente importaba, las cosas fundamentales de su constitución, la única pregunta que vale la pena ser preguntada...


... y negada simultaneamente.


¡Oh humanidad! ¡Oh Mateo! ¿Cómo te has dejado perder el rumbo y arrastrarte por las cosas y perderte en los entes y encontrarte, por fin, en la más absoluta indigencia, solo? ¡Oh humanidad! ¡Oh Mateo! ¡Qué boludez atómica es el vivir!... Más te valdría tener aún algún ídolo que te consuele en tus días bajo el Sol...


... pero has cerrado ya esa puerta, estás solo con el mundo...


No te salvarán las mismas diosas que alguna vez te salvaron: las escondidas, las diosas impostoras...


Ellas se han marchado lejos, han armado sus maletas y se han ido, no responden tus llamadas, tus mensajes ni tus mails...  Están ocultas detrás de un velo ¡son el velo mismo, como Maya!


Se han disfrazado de hombres, mutan como Tiresias: putas y adivinas...


La mujer es siempre cosa peligrosa (siempre temo que hordas de feministas me caguen a trompadas, por ejemplo), pero no es culpa de nadie, Mateo, si te quedas como mosca atrapado en tus propios enredos... 


y no encuentras paz en ningún lado...


o lo que creías que era la espiritualidad más alta es también banalidad y derroche libertino.


Estás solo, si, es ésta la noche de las falsas promesas...


Pero bueno ¡arriba ese ánimo! Como dijo el malondón del Eclesiastes: vanidad de vanidades, todo es vanidad.


Todavía tienes un origen diverso y extraño: pluridimensional, multisignificativo, autóctono y esponsorizado...


Conservas cierta clase...


y te has embebido de la más alta cultura.


Los amigos verdaderos siempre estarán...


y también los más fieles adversarios.


A pesar de todo no han sido inútiles tus trabajos bajo el Sol...


y has encontrado placeres inmensos en las cosas más cotidianas.


Has tenido momentos gloriosos en que superaste la organización de tus enredos, y como nadie has vivido la muerte de los reyes


Siempre has sentido que algo te falta, eso que te completaría, te haría total ¿no es así?


por eso has explorado tu identidad...


Y en última instancia has aprendido que en el juego de las máscaras te encuentras, entre las formas, metamorfoseandote siempre..


Y que para nacer a un mundo hay que destruir otro. ¡Vanidad de vanidades! ¡Todo es vanidad!

En el Aeropuerto Internacional de Pajas Blancas (sugerente nombre), un joven (no tan joven ya) supera el miedo a la turbulencia acompañado por una significativa dosis de Clonazepam. Atrás ha dejado un mundo en llamas; su madre ha evitado seguramente que queme las naves, que venda los muebles y que tire la ropa. Está bien. Viajar es también volver, escapar es mirar atrás, exiliarse es recordar. ¿Va a encontrarse a sí mismo? Lo dudamos seriamente. Sabe que tiene que moverse, que es su naturaleza, que, a diferencia de la planta de zapallo, él resiste el trasplante; lo único que ha hecho toda su vida es trasplantarse y trasplantarse. Probablemente vuelva antes de un año más cansado y sin dinero y tendrá que proceder a la fundación de un nuevo oikos. Por lo pronto hay que moverse, colonizar, avanzar, hacer soportable el exceso de posibilidades de existencia. Este joven es un joven de su tiempo: desinteresado, nihilista, egocéntrico, carente de proyectos, inteligente pero no lo suficiente. Este joven hace el personaje perfecto de una estúpida novela contemporánea. ¿Habrá sexo sin amor? También lo dudamos. La novela será aburrida, pero el personaje estará bien logrado. Al final no muere nadie, pero los personajes se ven sumidos en una depresión sin salida como en cualquier obra de Houellebecq.
Sin embargo en esta hay un dejo post-apocalíptico de esperanza. La inclusión de zombies o de niños índigo será pensada a lo largo de la escritura de la misma.
Empieza así: (voz en off) Los pasajeros con destino a Santiago y con combinaciones a Auckland y Sidney, favor de abordar por la puerta 3...


Nadie ha cruzado en Pacífico en la historia del hombre tan drogado como yo. Buenas noches y váyanse todos a la concha de su madre.-

sábado, 25 de agosto de 2012

Importantísimos estudios que hago en mi oficina II

Yo, la Hidra de Lerna
Estudio en el que, contrario a lo prometido en el título, se habla de cualquier cosa menos de la Hidra de Lerna.

"Y así es como les gustaría haber podido estar siempre uno con otro, entretejiendo 
entre ambos una imagen ideal sobre la cual adaptar ahora su vida pasada."
(Flaubert, Madame Bovary, Tercera Parte, Cap. I)

"Cómo será la laguna que el chancho la cruza al trote"
(Refrán)

Abstract

Al honorable Comité de Selección académica del _ _ Congreso en _ _ _ _ _ _ _ _ a celebrarse en la ciudad de _ _ _ _ _ _ _ el día _ _ de _ _ _ _ _ _ de 20_ _.

De mi mayor consideración:

                         Voy a ser sincero con ustedes porque nos conocemos hace rato y si no les digo yo se van a dar cuenta solos y después empieza el quilombo y los críticos que seguro debo tener por ahí hablan pestes de mi, y lo próximo que sé es que un día estoy arruinado (más, porque se puede) y me tengo que ir a vivir a una cuneta o termino en uno de esos programas de concursos contestando sobre cultura general. Les cuento a ustedes, y en confianza, porque sé que me van a saber entender y, más tarde, ya terminada la tertulia, las ponencias, los saludos de rigor y los sangüichitos; más tarde, cuando estemos ya todos medios pasados en copas con Noé Jitrik, la Ludmer y algún que otro escritorcito bien vendido, nos vamos a acordar de todo esto y nos vamos a reír. "¡Qué hijo de puta este Mateo!" van a decir a los gritos mientras yo les paso otro pedazo de costilla, o un trocito de matambre (porque eso sí, al asado lo voy a hacer yo). 
                         La verdad, la honestísima verdad es que todavía no terminé Madame Bovary, lo traigo bien, pero no lo terminé. Tampoco leí "La orgía perpetua" de Vargas Llosa, mandé a un amigo a que me lo compre porque siempre es bueno leer más y más boludeces sobre lo mismo, ojalá lo consiga. Pero, eso sí che, grabé la adaptación al cine de Chabrol y vi como diez minutos, pero más que nada porque me gusta la Isabelle Huppert de joven: es colorada, bien flaca y tiene muchas pecas, no es que no le entre ahora de veterana, pero de joven estaba más buena que comer pollo con las manos. Contrario a la opinión generalizada, no me gustan las morochas, me gustas las flacas coloradas con pecas, son más dificiles de conseguir. La Isabelle Huppert ni les cuento, es el súmmum de mi manía por las cosas raras.
Bueno, así es la cosa, no terminé Madame Bovary ni leí el ensayo de Vargas Llosa, pero sin embargo  me siento perfectamente calificado para citarlos haciendo "como si"... porque ¡vamos! No me digan que a esta altura del partido y después de tantos congresos pelotudos nos comemos la mentirilla de la seriedad académica. Podemos guardar las formas a la hora de la comida porque somos grandes y queda bien para levantarse a una tesista de grado, pero de ahí a creerlo ¡por favor! Eso es para estudiantes marxistas y ratas de biblioteca... En fin, vamos a pasar un buen rato si me aceptan en el congreso, todos saben que soy un excelente preparador de cócteles y conozco muy buenos chistes de salón.


I.I - Yo, Madame Bovary

                        Tan idiota como ella soy yo. Tentado por las pelotudeces me aparto del camino de mí mismo y me hundo en las inmundas profundidades de la patética ilusión. Te quiero como la concha de la lora, después me olvido y me voy, no me importa más, soy otro ¿vos quién? No me interesa. Es el círculo natural del olvido, quien no puede abrirse camino a través de él es un neurótico, un histérico, un Madame Bovary cualquiera, arrodillada inútil en el altar de su estupidez. Pobre, pobre, pobre Solomón Shereshevski, el ruso que no podía olvidar. Hay dos caminos para ellos: la voluntad que lleva a la rebelión o la fe que lleva a la redención. La Bovary se rebela en su pequeña ironía de amantes pelotudos, de vaivenes histéricos de que te cojo y no te cojo, después busca la redención en algo que confunde con la ilusión de amor que la domina: su dios-amante. Se frustra, se vuelve vieja, cínica, amargada, no sirve más. ¿El olvido nos saca de nuestra frustrada inseguridad de adoradores del Yo? No, pero sirve para seguir, y ahí vamos.
                    Flaubert es un gran cínico, su cinismo tiene toda la risa de fondo del que no se está defendiendo de nada, la ironía que no es mecanismo de protección, sino de autodestrucción. Él seguramente también era Madame Bovary, pero la superó creándola, haciendo de su cinismo patético de mujer histérica un cinismo total, supremo, un cinismo que sabe olvidar para reír. Dichosos los que olvidan, los amnésicos, los que no saben, los ignorantes, los que eligen sin pasado. ¿Qué es eso? ¿Quién? ¿Soy yo? Patético, risible, me voy, me estoy yendo, me fui. Cito sin autor: "No me rindo ante el fragor disciplinario de mi autoestima deforme". No me sirve la compasión para con el pobre Mateo, Mateo quiere una obsecación asnal por la fortaleza (y sí, obviamente le estoy robando esta frase a Almafuerte)
                        La escena donde Emma le pregunta a Rodolphe si no trajo la pistola por las dudas que aparezca Charles es emblemática. La teatralidad de los que no pueden vivir en la realidad y amarla tal cual es, sin exigencias idealistas, sin miedos ¿Para qué una pistola? Yo sé quién es Charles, quién sos vos y quién soy yo; una pistola es parafernalia de novela rosa, tu mirada es como la cama de Procusto.

I.II - Madame Bovary entendida como una Gestalt inconclusa.

                         Ahora cito con autor: "Yo hago lo mío y tu haces lo tuyo. No estoy en este mundo para llenar tus expectativas y tú no estás en este mundo para llenar las mías. Yo soy yo y tú eres tú. Y si por casualidad nos encontramos, es hermoso. Si no, no puede remediarse" (Fritz Perls). ¿Qué mierda es lo que querés del mundo Emma? Querés que los otros sean como vos y encontrar en ellos el objeto de tu deseo narcisista de mundo pelotudo, sí, eso, así de histérica.
                            El bovarismo se define como una insatisfacción sostenida, producida no por la búsqueda constante de nuevos estímulos, sino por el contraste entre la ilusión que se crea del mundo y la realidad. Emma no es una insatisfecha, una incomprendida, sino una tremenda pelotuda, una frustrada caprichosa que no entiende que el mundo no responda a sus pateticas premisas. Desea pero nunca se encuentra con lo que desea y no avanza, se queda, su objeto de deseo es irreal, es incapaz de cambiarlo y seguir adelante, la consume. No tiene molde, no tiene forma, no encuentra la configuración que la completa y es siempre fragmentos de pobre mujer, bellísima, pero imbécil hasta la risa. Cuando cree tener lo que quiere, eso la aburre, no va más allá, no completa pero se vuelve cada vez más teatral para sostener la ilusión de realidad en su sueño histérico. No es esa la teta que debería darle de mamar pero la chupa hasta secarla como el cachorro más terco ¿o no querida Emma? En vos habita la insatisfacción burguesa de tener y tener y no tener nunca, así que tus alfombras y tus vestidos te terminan arruinando y por fin encontras la última expresión de tu deseo siempre inconcluso: la aniquilación, la vuelta de tuerca de la muerte (y eso que no terminé el libro). Somos una humanidad suicida, apocalíptica, nuestros sillones nos están matando, nuestros baños calefaccionados, nuestra predeterminación del fenómeno, toda nuestra fantástica comodidad de obesos supermórbidos. No buscamos nuevas realidades para satisfacer nuestra curiosidad de fenómeno, sino que lloramos obstinados cuando las cosas no se adaptan a nosotros. El último hombre es una francesa histérica del siglo XIX.

I.III - Yo, el peor de todos.

                            Bueno. la cosa se puso muy seria. A esta ponencia le faltan pedos, gritos, minas que se saquen la remera y tengan mi nombre escrito en los senos. Todo académico quiere ser una estrella de rock pero le da para académico nomás y se conforma con el aplauso tranquilo, la ubicación, la admiración de unos alumnitos pavos y todavia medio adolescentones. Todos queremos ver tetas libres y calzones voladores, solo unos pocos llegan hasta ahí, y también se aburren; el ideal es eso, una cosa que está allá y que si la alcanzas es la misma mierda que el resto. Nunca vas a ser feliz Emma, nunca jamás, eso no existe, la felicidad es idea de los débiles que piensan que "solo si..." Pero nunca.
                            Usted por ejemplo, si si, usted, la señorita de la tercera fila con la mirada tímida y lentes de marco ancho y negro, de esos que todos usan en este tipo de congresos, usted la media hipster: seguro que abajo de esas medias rojas y pollerita negra que le queda tan bien con las botitas que hacen juego, seguro que atras de toda esa semiótica y análisis del discurso, que ahí abajo de todos esos escritores postmodernos y videitos de Foucault, usted tiene, como yo, un sexo húmedo y creptiante que le reclama  animalidad a toda costa, fuego oculto en el bosque, orgía, asesinato, placeres de Dionisos. Mi habitación es la número _ _ _, señorita, el conserje ya está avisado, por favor traiga champagne, hielo y una mordaza. O mejor sabe qué, no vaya, vuelva a su departamento y espere a que su noviecito pelotudo y medio gay la busque para llevarla a un festival de algo muy intelectual, a una muestra de porquerias minimalistas o a un concierto de música concreta; su noviecito enclenque y ubicado que jamás la ataría contra las rejas para sodomisarla con la violencia oscura del verdedero amor. Si usted no se anima a la grandeza de lo que puede desmembrarla y arrojar sus partes, como a Osiris, por todas las sendas del mundo, no la quiero, no me gusta más, me olvido de usted y de su lunar en la cara, vaya con dios, yo sigo, avanzo, prevalezco siempre; usted esta muerta. ¡Seguridad! ¡Llévense a ésta mujer que contamina mi vista!
                         
                       Yo tenía varias cabezas, como la Hidra de Lerna (de quién evidentemente terminé hablando). Una de esas cabezas se llenaba la boca de arsénico en polvo, otra quería reconocimiento como el farmacéutico Homais, otra era Charles y hasta tenía mi cabeza del pobre Justin. Pero a fuerza de cortar y cauterizar me quedé con una sola cabeza que corto y corto y corto para que se multiplique: la peor de todas las cabezas; la más inclemente, inescrupulosa y olvidadiza de las cabezas. Yo, el egocéntrico; Yo, el que olvida; Yo, el asesino; Yo, el peor de todos....


II - Inconclusiones

                          Los cagué, terminé el libro. A la orgía perpetua no la consigo por ningún lado, pero no importa. Ayer me enteré que la Isabelle Huppert se murió y me mantuve en luto autoerotizante. Hoy averigüé mejor y la colorada sigue viva; salgo del luto, no de los placeres de Onán.
                               ¿El librito de Flaubert? Una maravilla, se los recomiendo, re lindo, igual de válido que cualquier otra manera de perder el tiempo. Dos semanas escribiendo un renglón cada tanto y solo porque quería salir de ese estado de "no tener nada para decir"; quedó una sarta de incoherencias, si algún lector llegó hasta acá, acaba de apreciar los placeres del quetejedi más arriba y perdió tiempo, tiempo valioso. Vaya a leer Madame Bobary en vez de escucharme decir pelotudeces señora, llénese un poco de cultura que se nota que le falta.
                            Perdonen, perdonen... Es que últimamente ando de negativo, mirá que hasta me dan ganas de comer arsénico en polvo o de casarme con un médico de provincia francesa a ver qué onda. En fin... Me encantó el congreso, re ricos los sanguchitos y la minita de la tercera fila... No, no, vos no, la otra...  Mañana será un nuevo día y estoy leyendo un libro de Gide que promete. 

                                 Le dedico esto a C. M. P., quien si sigue creyendo que es Madame Bobary es porque no entendió el libro a pesar de haberlo leído no sé cuántas veces. Hacer los deberes no los hace más inteligentes chicos, los hace más tozudos.

                                Me emocionan mucho estas cosas, estar rodeado de gente tan grosa con ideas tan frescas y divertidas. Los quiero un montón, que no se corte, nos vemos en el próximo congreso de mierda. Me quedé con ganas de ver tetas, igual. Un consejo: si quieren leche fresca, pongan la vaca a la sombra; no hagan como la Bovary que le pidió peras al olmo. Un saludo para todos los que me conocen y buenas noches.

domingo, 19 de febrero de 2012

Oficio de Domingo


Habría que poner "Amor Secreto" de la Mona Jimenez, eso tendría que haber hecho, si, y rezarle a algún dios pagano. La Mona o alguna misa de Bach ¿cuál es la diferencia? Hay que buscarse oficios de domingo y cumplirlos con desinteresada disciplina.
Antes venía al pueblo, ahora "estoy en el pueblo". Antes tenía otros oficios: 

"Venir a este pueblo, manejar con mi hermana sin razón hasta un dique escondido, uno que se cayó porque lo construyeron al revés y el ingeniero que lo hizo se pegó un tiro. Después hasta Los Cisnes, a la orilla del río a fumar y ver el barranco. Mis amigos y más vueltas, ir al aero a pasear en avioneta, después un bar, desmesuradas ingestas de alcohol. Lleno de tristeza me dejo llevar por las calles del laberinto. En cada esquina un minotauro, el agua nos va a tapar a todos. El río es vengativo, en la doble tranquilidad de la noche juega a arrastrar a las crías de la gente por el desagüe. Un paraje junto al barranco, teníamos un Citroën celeste y comíamos moras. Estoy tan lleno de niñez que es una vergüenza. Viva el cielo azul, el Sol, el agua..." (Fragmento sacado de Segunda libreta de las ciudades o el retorno del fuego)

Ahora francamente eso me parece una pelotudez. Si no cambian nuestros oficios qué va a ser de nosotros...



Por supuesto, hay que deleitarse con los malos sueños y también después (depende de que tan malo haya sido el sueño), ese es otro buen oficio de domingo... Salvarnos de las catástrofes inminentes con el ineficiente método de propiciar otras pequeñas catástrofes cotidianas...


En este pueblo Yahvé manda inundaciones más seguido que en otros lados, hay que tener un arca  siempre a mano llena de boludeces, y la esperanza de que la próxima redención sea producto del fuego...



Porque bien sabemos: nada nos salvará del fuego, salvo el fuego.


Buenas noches a todos y aguante la Mona Jimenez.-